Meto las piernas en el vestido, me lo subo, despacio, me acomodo los breteles del corpiño por abajo de los del vestido para que no se vean, los zapatos arriba de la silla, los agarro con una mano y me siento en la cama, me los pongo, paso la tira de cuero por el abrojo y me los abrocho, bien ajustados, me levanto, camino hasta el espejo y me miro, me despeino un poco, me acerco un poco más y me miro fijo a la cara, tengo el delineador corrido en un ojo, me paso el dedo y trato de limpiarlo, pero no sale, entonces lo dejo, y me quedo ahí, un rato, frente a esa mancha que tengo, y quedo pensando en eso, en sacármela, todo el tiempo, como si fuera algo automático: estar manchada y tener que limpiarse.
Papá me dice que sí, después de insistirle mucho, me dice que me lleva, caminamos hasta la plaza, voy siguiéndole el paso rápido, y cuando llegamos me siento en la hamaca y le pido que me empuje, él casi no habla, ni siquiera me dice que sí, sólo se pone atrás mío y me hamaca, rápido, cierro el puño bien fuerte sobre las sogas, me da esa sensación de poder caerme, en cualquier momento, pienso en decirle que lo haga más lento, pero no, se va a enojar, y entonces no digo nada.
Le pido al taxi que me deje a media cuadra, le doy veinte pesos y bajo, me prendo un cigarrillo y camino, llego hasta la puerta y freno, no sé si entrar o quedarme afuera, entonces camino hacia atrás y me siento en un escalón, tengo el cigarrillo en la mano, pero casi no lo fumo, mientras me miro las piernas, lastimadas, y subo, miro más arriba y me veo tapada, de negro, como si fuese irónico, tener tapado eso que está sano. Se me apaga el cigarrillo solo y lo tiro, y me quedo un rato sentada, mirando un tipo en la esquina esperando el colectivo, miro el reloj, es tarde, y me levanto, camino otra vez hasta la puerta y la abro, y entro.
Escucho un ruido que me despierta, me levanto de la cama y voy hasta el living, está papá gritando, miro el piso y está la biblioteca tirada, con todos los libros deambulando por cualquier lado, mamá le discute, se gritan fuerte y yo quedo ahí, quieta, me sacudo las lágrimas con las manos, y papá se acerca y me dice que me vaya a dormir, que no me meta, que son cosas de grandes.
Vuelvo a casa, meto la llave en la cerradura y la giro, y empujo la puerta con fuerza, entro, me siento en la cama y me saco los zapatos, me desprendo el vestido, me lo saco, y después el corpiño, voy a buscar el pijama y en eso paso por el espejo, me veo el cuerpo desnudo un rato, como de asombro, como lo que tarda uno en reconocerse, subo a la cara y me veo la mancha, que sigue ahí, que me había olvidado, pero que sigue ahí.
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