Entre rejas
Che, te tengo que decir algo. No vas más a gimnasia deportiva. Porque queda muy lejos. Aparte aumentó, y nos sale carísimo. Preferimos gastar esa plata en otras cosas. Más importantes.
Me mira a los ojos. Sin vergüenza. Sin dolor. Mira mi vergüenza. Mira mi dolor. No es la primera vez, ni la última. No duro más de un par de meses en lo que sea que haga. Depende de la conveniencia. Depende del humor de turno.
No te pongas mal, ¡Ey! Por ahí más adelante volvés. No seas dramática. No es la muerte de nadie.
Bajo la cabeza. No quiero que me miren más. Quiero ser infeliz a solas, aunque sea esta vez.
Me acuerdo de mi maestra. Tendrías que escribir más, escribís bien, en serio.
Es que leo. Por eso debe ser.
Entonces me siento a escribir, un rato. Cualquier cosa, lo primero que viene. Lo que salga.
En ese momento no entiendo, pero ahora sí. Escribo ese rato, y de alguna manera, estoy sabiendo. Estoy sabiendo que nadie, nunca, me puede negar lo que se necesita para escribir. Que así, nadie me puede impedir crecer. Porque no existen tales rejas. Porque a la vez, es un proceso dónde, inexorablemente, no hay retroceso. No hay posibilidad alguna de que me dejen de llevar. No queda lejos. No sale plata. Entonces escribo. Y lo hago porque no tengo nada más. Porque es lo único que me queda. Y me define. Y termino amando que así sea.