sábado, 28 de mayo de 2011



Entre rejas

Che, te tengo que decir algo. No vas más a gimnasia deportiva. Porque queda muy lejos. Aparte aumentó, y nos sale carísimo. Preferimos gastar esa plata en otras cosas. Más importantes.
Me mira a los ojos. Sin vergüenza. Sin dolor. Mira mi vergüenza. Mira mi dolor. No es la primera vez, ni la última. No duro más de un par de meses en lo que sea que haga. Depende de la conveniencia. Depende del humor de turno.
No te pongas mal, ¡Ey! Por ahí más adelante volvés. No seas dramática. No es la muerte de nadie.
Bajo la cabeza. No quiero que me miren más. Quiero ser infeliz a solas, aunque sea esta vez.
Me acuerdo de mi maestra. Tendrías que escribir más, escribís bien, en serio.
Es que leo. Por eso debe ser.
Entonces me siento a escribir, un rato. Cualquier cosa, lo primero que viene. Lo que salga.
En ese momento no entiendo, pero ahora sí. Escribo ese rato, y de alguna manera, estoy sabiendo. Estoy sabiendo que nadie, nunca, me puede negar lo que se necesita para escribir. Que así, nadie me puede impedir crecer. Porque no existen tales rejas. Porque a la vez, es un proceso dónde, inexorablemente, no hay retroceso. No hay posibilidad alguna de que me dejen de llevar. No queda lejos. No sale plata. Entonces escribo. Y lo hago porque no tengo nada más. Porque es lo único que me queda. Y me define. Y termino amando que así sea.  


miércoles, 25 de mayo de 2011



Paf

Me saca la ropa. Primero lo de arriba. Me chupa las tetas. Después lo de abajo, y cuando me saca la bombacha me la chupa, mientras me da una cachetada. ¿Te gusta? Decime que te gusta.
No digo nada. Dale, forra, hablame. Hablame. ¡Qué me hables, te digo! Me sigue dando cachetadas. Y no siento placer, si no que me sumerjo en ese paf, paf…

*

No servís para nada vos, eh. Ni para lo único que te pido, que no me rompas las pelotas. No pido nada más. No jodo a nadie. Mirame a los ojos, maleducada. Paf. Lo único que te pido es que no seas maricona, que dejes de llorar todo el tiempo.
Y lloro. Quiero parar, pero no puedo. ¿Y seguís? ¿Querés que te cague a palos? ¿Eso querés?   

*

Me la mete. Grita de placer. Yo ni me muevo, pero él sí, él sí que se mueve. Y me da nalgadas, cada vez más fuerte. Paf, paf. ¿Te gusta? Te encanta, te encanta.

*

No me queda otra, hija. Viniste mal de entrada. Paf. Vos me tenés que entender, yo lo hago por vos. Paf. Paf.  Vos no me querés entender, hija. Es más fácil pensar que soy un hijo de puta. Cuando seas grande me lo vas a agradecer, vas a ver. Paf… si vos supieras cómo mi viejo fue conmigo, ni un cuarto de lo que soy yo con vos, a mí me preocupás, por eso hago lo que hago… Paf.

*

Un rato nalgadas, después cachetadas, otro rato más. Está llegando. Yo pienso en el paf. Nada más. Me agarra de la cintura con fuerza, y después de la espalda. Está llegando. Ahhh…. Me rasguña. Ahhhhh… Me encantás, me encantás. Me pega otra cachetada. Llegó.

*

Si no te arregla esto, ya no sé qué te puede arreglar. Se cansó de pegarme, parece. Se va. Estoy sentada en el piso. Me duele sentarme. Trato de ser fuerte: pero no puedo, lloro como una imbécil.

*

Se pone la ropa. Yo hago lo mismo. Me dice que le encantó, que hay que repetirlo, que estuve bárbaro. No le respondo. Lo miro a los ojos. Él me da un beso. Yo le saco la boca.
Paf. Me imagino que le doy una cachetada, bien fuerte. Pero en su lugar, no digo nada. Y me voy.